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La Maldición del Vestido de Novia

La Maldición del Vestido de Novia
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La mayoría de las mujeres sueñan con casarse con un hermoso vestido de novia y mi caso no era la excepción.

Criada bajo la autoridad de un padre muy machista y siendo la única mujer de cuatro hermanos, siempre fui denostada por mi “condición” de mujer.

Con mi madre solo nos delegaban los trabajos del hogar, sin ninguna opción de poder trabajar y menos desempeñarme como una profesional.

Me dieron los estudios básicos y luego, mi padre dispuso que ya no siguiera estudiando y que mi madre me preparará para ser una buena esposa y pudiera largarme de casa.

Esta idea me aterraba, pues no quería salir de vivir bajo el yugo paterno para ir a vivir bajo el yugo de un marido. Pero cuando conocí a Héctor, todo cambió.

A diferencia de mi padre y mis hermanos, Héctor era un hombre muy amable y nada machista, me trataba con respeto y admiración.

Al poco tiempo de ir conociéndolo me comenzó a cautivar, le contaba de mis sueños mientras me miraba con atención, y apoyando cada una de mis ideas, con él me sentía realmente libre.

Cuando decidimos comprometernos, mi padre era el más feliz, pues decía que tendría una boca menos que alimentar y que yo ya sería “harina de otro costal” haciendo alusión de que ya no sería su problema, pues para él todas las mujeres representabamos un agravio.

Lo único que lamentaba de casarme e irme, era dejar a mi madre sola con aquellos hombres explotadores, pero ella siempre tan buena y comprensible, dijo que aprovechara la oportunidad de salir de esa cárcel que era nuestra casa.

Comencé con los preparativos de mi matrimonio, como era de esperarse mi padre no aportaría con nada de dinero para boda, por lo que Héctor se haría cargo de todos los gastos. Pero había algo que quería comprar yo misma con mi dinero, mi vestido de novia.

El poco dinero que había ahorrado en una cajita de zapatos, reunido de años de hacer algunos mandados a mis vecinas no me alcanzaba para comprar un vestido muy costoso, por lo que decidí buscar uno por las ventas de Internet, talvez no sería nuevo, pero sería comprado con mi propio dinero, y eso me hacía sentir orgullosa.

Depues de varios días de intensa búsqueda aparté varios vestidos de mi gusto, pero aún no encontraba aquella prenda que sintiera fuera la perfecta para ese tan anhelado día, hasta que ya casi dándome por vencida veo una última foto.

Era la foto del vestido de mis sueños, tenía una forma bastante sencilla pero muy elegante y de hermosa caída, se notaba que debía ser demasiado costoso, ya que el material era de muy buena calidad y la pedrería que llevaba adjunta brillaba cual estrellas en un oscuro cielo.

Estaba maravillada pero sabía que no estaría a mi alcance.

Al revisar, me causó curiosidad que no tuviera el precio publicado, por lo que me contacte con la dueña casi sin esperanzas, solo quería saber por cuanto dinero no podría cumplir mi sueño de lucir aquel vestido de novia.

Al recibir un mensaje de respuesta, quede totalmente asombrada aquella mujer me decía que debía irse de viaje y estaba vendiendo todas sus pertenencias por lo que, lo que yo le pudiera ofrecer por aquel vestido, estaría bien.

No podía creer lo afortunada que era, cumpliria mi sueño, pensé que por fin mi vida cambiaría para bien, esto era una buena señal. Que lejos de la verdad estaba.

Después de nuestra hermosa boda, nos fuimos a vivir a una linda casa que rentamos con Héctor, estaba demasiado feliz, tenía miles de planes por cumplir, empezaría por decorar aquella casa y luego me matricularia para retomar mis estudios y poder tener una carrera, Héctor me apoyaba en todo, me amaba y me lo demostraba en cada detalle.

Al desempacar nuestras pertenencias saque mi hermoso vestido de novia y lo guarde en la armario, me gustaba admirarlo cada vez que lo abría, para mi era el símbolo de mi libertad y de mis sueños cumplidos.

Pero al pasar los días todo esto cambió, en las mañana al abrir el armario me quedaba durante horas admirando cada detalle, cada costura y cada piedra, pero ya no me producía felicidad, entraba en una incontrolable melancolía que terminaba en ira y llanto. Cada día era igual ya no tenia dominio de mis actos, empecé a odiar a todo el mundo.

No permitía que nadie se me acercara a mí madre no la volví a ver en un tiempo, y a Héctor lo rechazaba a diario.

Luego comenzaron los sueños, me atormentaban aquellas alucinaciones sin sentido, solo me dejaban una sensación de inquietud y desesperación que me incitaban a matar a Héctor.

Varias noches me sorprendí frente a la cama, dispuesta a acabar con su vida a veces con algún artículo contundente y en otra ocasiones con una almohada en las manos, dispuesta a ahogarlo.

Esta situación se me estaba escapando de las manos y mi salud estaba empeorando cada día, ya casi no me levantaba de la cama, solo para abrir el armario y admirar desde mi lecho a aquel vestido que se me había convertido en mi obsesión.

Al pasar las semanas yo no era ni la sombra de la persona que se había casado con Héctor, él muy angustiado me preguntaba que sucedía, pero como contestarle algo de que ni yo sabía la respuesta.

Le dije lo que hacía cada mañana cuando él se iba a trabajar, fue en ese momento que me percate que sin darme cuenta pasaba más de diez horas al día admirando aquel vestido.

Buscamos el correo de la chica que me lo había vendido, necesitábamos respuestas, ese vestido era el responsable de mi deterioro y de mi odio hacia Héctor.

Pasaron varias semanas antes de obtener una respuesta, mi salud ya estaba muy débil, escuchaba muy poco, mi cordura había desaparecido, me sentía todo el día como en un sueño psicodelico con imágenes grotescas de mi familia, los veía muertos, ensangrentados o en partes, cada sueño era peor que el anterior, todas eran imágenes que increntaban mi odio. Ya me estaba dando por vencida a seguir viviendo.

En aquellos días mi madre se quedaba a mi cuidado, escapando de casa para que mi padre no notará su ausencia durante el día, y se iba antes que papá llegara de su trabajo.

Pero yo lejos de agradecerle solo la agredia, en mi corazón sabía que la amaba y me odiaba por hacerle esto, pero no podía evitarlo.

Aquel día en que llegó la respuesta que esperábamos, cambió todo en nuestras vidas.

Laura quien me vendió el vestido solo mando un número telefónico, y señaló una hora en la que debía llamarla.

Dentro de mi locura trate de reponerme para poder hablar con ella, ya que estipulaba claramente que no hablaría con nadie más que conmigo.

Llegó la hora y le marque.

-Alo, Laura soy Fernanda, la que te compró el vestido de novia.

-Estaba esperando tu llamada, estas sola?

-Mi madre esta conmigo y mi marido esta en la sala.

-Dile a tu madre que te deje sola, esto que te contaré no pueden saberlo ninguno de los dos.

-Esta bien

Le dije a mi madre que me dejara sola y seguí la conversación.

-Ya estoy sola, ahora dime que diablos esta pasando conmigo y que tiene que ver ese vestido?!

-Se perfectamente por lo que estas pasando, pues yo ya lo viví, no quiero que me juzgues pero necesitaba deshacerme de ese vestido y botarlo a la basura no era opción, en varias ocasiones traté de hacerlo incluso de quemarlo, pero cuando traté de encenderlo sentí que me quemaba viva por dentro y debi apagar esa llama. La única forma de deshacerme de él, era legandolo a otra novia.

-Pero que ocurre con ese vestido porque pasa eso.

-Te contaré todo pero con calma, no hay forma de arrancar de esa maldición sin enfrentar sus graves consecuencias.

Ese vestido me fue regalado por mi suegra, quien no estaba de acuerdo con nuestro matrimonio, pero al ver que no podía seguir oponiéndose, fingió estar de acuerdo y me apoyo en los preparativos y me regalo aquel vestido.

Luego de nuestra boda comencé con la obsesión por aquella prenda y un odio creciente hacia mi marido, comencé a enfermar, la única forma en que me sentía mejor era agrediendo a mi marido, esto se salió de control hasta perder la cordura, en una noche me levante y asesine a Marcos. Fue la única forma de liberarme de aquel tormento, pase algunos años en la cárcel, pero cada noche soñaba con una novia que me abrazaba y me daba consuelo.

Al salir de la cárcel rastree el vestido y encare a mi suegra. Esta me confesó que todo era su culpa, pero que no sabía las consecuencias de lo que estaba haciendo, ella quería separarnos sin pensar que aquella separación sería producto de la muerte de su hijo.

A ella se le presentó la oportunidad de obtener un antiguo vestido de novia el cual cargaba con una maldición, quien llevara ese vestido el día de su boda solo tendrá lágrimas por el resto de su vida. Pero en ese momento no le contaron el resto de la leyenda el cual yo si averigüe.
El vestido originalmente pertenecía a Ofelia Garcia, una hermosa joven quien estaba muy enamorada de su prometido, pero el día de su boda se entero de una lamentable verdad.

Minutos antes de que fueran casados el novio le confesó que no estaba enamorado de ella, que se casaba solo para estar cerca de Teresa la madre de Ofelia, a quien el si amaba locamente.

Ofelia no pudo tolerar esta verdad y arremetió contra su novio empujandolo con tal fuerza contra el altar de la iglesia, que su cabeza azotó contra el mármol perdiendo la vida en el instante. Luego corrió a la torre de la iglesia y se lanzó al vacío maldiciendo a aquel que se quedara con su vestido el cual había sido confeccionado su propia madre, de quien no pudo vengarse, pues esta arranco en el momento que Pedro confesaba su amor ante todos los presentes en la boda.

La única manera de terminar con aquella maldición es que la madre de la novia muera con el vestido puesto y sea enterrada con el mismo, si esto no ocurre tarde o temprano terminaras asesinando a tu esposo sin que nada pueda evitarlo.

No podía creer la locura que esta mujer me estaba diciendo, jamas permitiría que algo así sucediera, corte la llamada y me levante como pude de mi cama y salí de mi habitación, pero al llegar a la sala sufrí un desmayo. Héctor me llevó de urgencia al médico y mi madre quedó en casa.

Al volver me encontré con una nota en la entrada.

Era de mi madre. “hija, perdoname por lo que haré, pero ningún sacrificio es suficiente para una madre con tal de ver a su hija feliz, vive tu vida con la alegría que yo no pude, tienes un gran futuro y yo ya no tengo mucho porque seguir luchando, y no puedo permitir que pongas en peligro la vida de Héctor quien te ama y te hace feliz, toma mi sacrificio como tu regalo de bodas, no sientas pena ni remordimiento, yo siempre estaré a tu lado. Te ama… Mamá ”

No entendía a que se refería, entre a casa y encontré a mi madre con mi vestido de novia puesto, colgada desde la viga de la sala. Ella había escuchado toda la conversación desde el teléfono de la sala.

Un dolor indescriptible sentí en ese momento, ella no merecía pagar por esa maldición. Pero ya no había nada que hacer.

Han pasado los años, mi salud mejoró y ya no volví a sentir ese odio por Héctor, tenemos una vida normal, logre estudiar y sacar una carrera. Cada semana visitó a mi madre en el cementerio junto con mi hija que lleva su nombre, extrañamente se que mi madre vive en ella, lo puedo notar por su mirada y por los sabios y extraños consejo que ella me da siendo tan niña, utilizando las mismas palabras de mi madre.

La vida tiene situaciones muy extrañas, con las cuales aprendemos a vivir, no niego que aún siento el dolor de su pérdida, pero sé que aún esta conmigo. Para mi será la mujer más valiosa del mundo pues no solo me dio la vida, sino también un futuro a cambio de su propio sacrificio de amor, ahora que yo también soy madre entiendo su actuar pues yo tampoco dudaría en sacrificarme por la felicidad de mi propia hija.

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