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Cavilaciones: Bancarrota moral

Cavilaciones: Bancarrota moral
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Los ciudadanos de muchos países del mundo están hartos de sus gobernantes. Ya no toleran la corrupción, los gobiernos hinchados de funcionarios ineptos que despilfarran, el partidismo como doctrina y la concentración de la riqueza en la cúpula que ocupan los privilegiados. El efecto de los malos gobiernos, aunado a las consecuencias de la globalización y los avances tecnológicos, han dado como resultado que la clase trabajadora se estanque.

En Estados Unidos, el índice de desempleo se encuentra a niveles históricamente bajos. Esto debería ser motivo de celebración; pero no, hay un malestar general en los trabajadores porque saben que sus sueldos no aumentan. Que sus trabajos están desapareciendo y que, aunque logren encontrar otros, ya no será igual. Tendrán en su edad madura que aprender a hacer algo diferente y sus futuros ingresos serán insuficientes para mantener su estándar de vida.

En este clima, lo más fácil es encontrar a quién culpar. Primero a los políticos y a los ricos, que sí merecen que se les atribuya responsabilidad. Después a los inmigrantes, quienes ahora son perseguidos, maltratados y sujetos a una invectiva brutal por los candidatos de derecha en Europa y Estados Unidos.

Pero el hartazgo no puede justificar que Donald Trump haya sido electo presidente del país más poderoso del mundo. Trump es un manipulador, corrupto, farsante y amante de los reflectores, quien se alimenta de la adulación de la mitad de los norteamericanos a los cuales lo único que les da en retorno es atole con el dedo.

Trump se hizo rico como lo hacen lo estafadores. Docenas de sus empresas han quebrado, muchas por haber defraudado a sus inversionistas y clientes. Su talento savant es saber manipular las leyes de bancarrota, ¡lo ha hecho en seis ocasiones!, para que cuando sus empresas quiebren él salga bien librado. Opera al margen de la ley con un equipo legal enorme que litiga las miles de demandas pendientes contra sus empresas.

La experiencia de Trump debería descalificarlo para ser presidente. Hoy está aplicando sus tácticas irracionales que no van a afectar solo a sus empresas, sino al mundo entero. No hay leyes de bancarrota que lo puedan rescatar si descompone al planeta, hoy al borde de catástrofes en Asia y el Medio Oriente.

A parte de la astucia necesaria para promover su marca y aprovecharse de incautos, Trump es profundamente ignorante. No sabe nada de historia. No lee. Cambia de opinión cada vez que alguien le dice algo diferente y por eso sus asesores cercanos no lo quieren dejar solo ni un instante. Lo malo es que no pueden dormir con él y evitar que a las 5 de la madrugada bombardee al mundo con sus tweets.

Sus declaraciones diarias están fomentando un ambiente de miedo y ansiedad en toda la sociedad. La semana pasada, en un discurso de una hora sin pies ni cabeza, repitió uno de sus poemas favoritos en donde compara a los inmigrantes con serpientes. ¡Qué buen ejemplo para la juventud!

Trump ya está de nuevo en bancarrota, pero una de otro tipo. Una bancarrota moral.

 El autor es egresado del Tecnológico de Monterrey y Doctor en Ingeniería Eléctrica y de Computación de la Universidad del Estado de Nuevo México.

www.cavilaciones.com

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