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Lloran inconsolables ante la repentina partida Andrea

Lloran inconsolables ante la repentina partida Andrea
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Ayer era su graduación de preparatoria, pero no asistió.

Para Andrea, la vida tenía preparado otro camino: el de su muerte.

Ayer también fue su funeral en una capilla sobre la calle Abasolo, a donde llegaron sus amigos después de la graduación, para llorarle y despedirla.

Los festejos de fin de curso se vieron frustrados por la repentina muerte de Andrea Fernández.

Sus amigos del Ateneo Fuente cancelaron las celebraciones con sus familias y prefirieron asistir al funeral de su amiga, quien el jueves, en un hecho repentino, se suicidó en el baño de su casa.

Nadie se lo explica. Los jóvenes dicen que no les comentó tener problemas graves, que no abrió su corazón con ellos. Tenía 17 años y una vida tranquila junto a sus padres, quienes no soportan el dolor de su ausencia.

“¡Nos dejó, mi corazón, mi vida entera, nos dejó!”, gritaba desesperada la madre de Andrea en los brazos de su esposo, quien intentaba sostenerla. A unos centímetros, su hija yacía sin vida y las preguntas sin respuesta invadían el ambiente.

“¡¿Por qué?!”, preguntaba su madre a los jóvenes que asistieron a la capilla, “¡¿qué te hacía falta, mi niña?!, ¡¿por qué no estás viva?!”, gritaba una y otra vez la madre
desconsolada.

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El suicidio se ha convertido en uno de los problemas de salud pública que más afectan a la sociedad de Saltillo. En promedio, dos personas deciden quitarse la vida cada semana en esta capital. Algunos de los suicidios tienen causa aparente, el de Andrea no.

La joven de 17 años, de tez morena, facciones gruesas y un abundante cabello negro azabache era hija única y de acuerdo con algunos de sus excompañeros, tenía mucha ilusión de estudiar una ingeniería en el Tecnológico de Saltillo, donde había sido aceptada.

Por eso es que nadie se explica la razón de su decisión tan drástica de quitarse la vida en el transcurso del jueves, mientras sus padres trabajaban. “Yo debí haber estado ahí con ella”, dijo su madre en el velorio culpándose de lo sucedido.

Andrea se ahorcó en el baño de su habitación, en la soledad de su casa. Cuando su padre llegó la encontró sin signos vitales y entonces notificó a las autoridades sobre el hallazgo. Lo más difícil sin duda fue informarle a la madre.

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“Mi hija era lo único que tenía, ahora sólo me queda mi esposo”, dice la mujer en un sillón de la blanca sala de velación donde estuvo el cuerpo de Andrea antes de ser trasladado a la iglesia de San Charbel, para ser finalmente despedida.

IRREPARABLE PÉRDIDA

Andrea era la vida en su casa y la alegría de sus amigos, amaba la música. Antes de estudiar en el Ateneo Fuente cursó la secundaria en la Margarita Maza de Juárez, donde formó parte de la rondalla estudiantil.

“¿Y ahora qué vamos a hacer sin ella?”, preguntaba su madre desesperada como víctima que es del suicidio de su hija. “Yo también me quiero morir”, gritaba y golpeaba al ataúd de Andrea.

Al fondo de la capilla donde se veló a Andrea algunos jóvenes se daban un abrazo grupal. Eran sus amigos y compañeros, quienes también buscan una respuesta a su dolor y al impacto que genera la muerte en sus cortas vidas.

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“No quiero decir nada de Andrea porque fue mi amiga, pero me siento muy impresionado porque me di cuenta de que a pesar de que somos jóvenes, nos podemos morir”, dijo uno de los chicos que acompañó al velorio.

El suicidio es un impacto emocional que envuelve todo el ambiente. En la colonia Colinas de San Francisco, al suroriente de la ciudad, el silencio y la angustia invade varias cuadras a la redonda de la casa de Andrea. El sector es tranquilo, sin pandillas dominantes ni conflictos vecinales; ellos tampoco se explican la razón.

“¿Y ahora qué vamos a hacer sin ella?”, se volvía a preguntar la madre de Andrea antes de que su hija fuera inhumada.

SIN CONTROL

» El fenómeno de insalubridad pública ha sido incontenible. Ni los especialistas, ni las estrategias que han implementado las autoridades para detener la ola de muertes por mano propia han podido frenar el problema, que ya no tiene límites geográficos ni socioeconómicos en la ciudad.

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