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Hoy se cumplen dos años de la Muerte de El Hijo del Perro Aguayo en Tijuana

Hoy se cumplen dos años de la Muerte de El Hijo del Perro Aguayo en Tijuana
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Fuera del cuádrilatero, sin las inconfundibles botas que caracterizaban el equipo que utilizaba para rifarse el físico sobre el cuadrilátero, fuera de ese personaje recio e intimidante, Pedro se distinguía también por ser un hombre de una pieza.

La noticia de su muerte arriba de un ring, el 21 de marzo de 2015, durante un combate en el que enfrentaba a Rey Mysterio Jr., fue una especie de broma macabra del destino, un duro embate para la lucha libre de México y el mundo.

“Como ser humano, era de esas personas que te impresionan por su sencillez. Fue devastadora (la noticia de su muerte), un golpe muy duro porque era un amigo entrañable, de esas personas que te dejan una enseñanza y te dejan ese hueco. A pesar de que se había ido de esta empresa (el CMLL), manteníamos comunicación, y de pronto nos encontrábamos en alguna otra ciudad o lugar y nos saludábamos con mucho gusto.

“Sobre todo por cómo se dieron las cosas, las personas que estamos en la lucha libre sabemos que este tipo de patadas, por ejemplo, la de Rey Mysterio, no son motivo para provocar la muerte; hemos visto cosas mucho más duras, patadas tremendas, golpes más secos y en la cabeza, como una vez en que Olímpico se aventó una flecha suicida entre segunda y tercera, se le atoró el pie y se clavó al piso, en el palco escuchamos el ‘calaverazo’, fue un golpazo, pensamos que se había fracturado, estuvo fuera varios meses; ese golpe sí pensamos que podía haberlo matado”, recuerda Magadán.

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Ese negro 21 de marzo de 2015, Pedro se encontraba en una función en Tijuana, hacía equipo con Manik frente a Rey Mysterio Jr. y Xtreme Tiger. Mysterio aplicó una tijera con la que lanzó a Aguayo fuera del ring, Pedro volvió a subir y cuando trataba de ponerse en pie, Mysterio volvió a castigarlo, esta vez, con la 619, El Perro se desplomó sobre la segunda cuerda. Todo ocurrió en apenas unos segundos, una escena habitual en cualquier arena; tan habitual, que Konnan, second de Pedro, no se percató en ese momento de la gravedad del incidente.

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Con tres cervicales fracturadas, sobrevino una falla cardiaca; los reflectores se apagaron eternamente para El Perro Aguayo Jr., personaje al que hizo popular Pedro Aguayo Ramírez, quien falleció con 35 años.

“La forma en que murió El Perrito fue sorpresiva. Incluso, Konan lo sacude porque piensa, o que esta noqueado, o que está fingiendo, pero no lo hizo con mala intención o con el afan de dañarlo; por desgracia, El Perrito ya estaba en malas condiciones, ya estaba despidiéndose. Lo importante de todo esto y, quizá, por lo que debemos alegrarnos, es porque El Perrito se despidió haciendo lo que más le gustaba a lo largo de su vida, era de esos personajes que sin haber estado en una arena, se habría muerto también. Murió haciendo lo que más le gustaba”, reflexiona Leobardo.

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Luchador insustituible e inolvidable, El Perro Aguayo Jr. cuenta con un lugar privilegiado en la historia de la lucha libre por sus aportaciones sobre el cuadrilátero.

“Creo que lo más importante que dejó es ese deseo de que la lucha libre no se aletargue, de que sea más rápida; en ese sentido, El Perrito Aguayo fue un revolucionario. Hizo la lucha libre mucho más rápida, más intensa, con más matices que ningún otro luchador. Lo más importante que dejó fue esa actitud de revolucionar, de activar la lucha libre y hacerla rápida, que la gente sintiera esos cambios de ritmo que generaban la pasión cuando él estaba luchando.

“Es inolvidable, es uno de esos personajes que uno siente que siguen vivos, por esa energía, esa fuerza y esa vehemencia que siempre mostraron en el rombo de batalla. El Perrito sigue vivo”.

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