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Cavilaciones: Los seguidores de Trump

Cavilaciones: Los seguidores de Trump
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Dentro de trece días sabremos quién es el nuevo presidente electo de los Estados Unidos. La campaña presidencial del 2016 será recordada como una de las más extrañas en la historia de las elecciones norteamericanas. Aunque Hillary Clinton lidera por un promedio de más de 6 puntos en las encuestas nacionales, todavía hay incertidumbre debido a los resultados sorprendentes de recientes ejercicios democráticos en el mundo, como el Brexit, que la mayoría creía que no iba a pasar.

Trump ha dedicado los últimos días de su campaña, y sospecho que lo hará hasta el último minuto, a desprestigiar a las encuestas que arrojan resultados adversos a su causa. Solo cree en las encuestas que predicen que él va a ganar. Su grupo duro de partidarios lo siguen fielmente sin que importen sus inverosímiles declaraciones y su sarta de insultos a minorías, mujeres y discapacitados. Es tan grande su arrogancia, que hace unas semanas declaró: “yo podría matar a alguien y mis seguidores aún no me abandonarían”. Lo malo es que es cierto.

Otra característica de su verborrea incesante es afirmar que el sistema completo está amañado en su contra. Que la única manera que puede perder es si los Demócratas hacen trampa. Afirma que hay millones de personas registrándose para votar que no tienen el derecho a hacerlo, junto con miles de muertos que también votarán. Sin embargo, no existe ninguna evidencia que apoye su tesis. Pero eso no impide que sus seguidores le crean todo. Esta semana escuché una entrevista en la cual una mujer de Ohio de 75 años declara que por primera vez en su vida adulta ya no cree en la democracia, que le van a robar el triunfo a Trump, y que Hillary es la mujer más corrupta del mundo. Le preguntaron también si no le afectaba que hayan grabado a Trump en el año 2005 presumiendo que porque es famoso puede manosear a las mujeres. “Así son los hombres”, contestó. Los Trumpistas están bebiendo un Kool-Aid envenenado.

La demagogia estridente de Trump resonó con la ansiedad de millones de americanos que se sienten amenazados desde hace mucho tiempo pero que no tenían quien los abanderara. Con el apoyo de Trump, sus seguidores proclaman que la culpa es de los inmigrantes y de la globalización. A su vez, su discurso permitió que resurgiera el racismo y el odio que ahora manifiestan sus seguidores más extremistas. Se destapó la cloaca y será muy difícil volverla a cerrar.

Hillary Clinton nunca ha sido una persona muy popular. Siempre la han visto con sospecha las personas que hoy apoyan a Trump. Pero después de meses de denostarla como “criminal y corrupta” y de decirle “que mujer tan despreciable” en el último debate, los Trumpistas ahora la odian profundamente. Aunque Trump pierda y abandone la política, sus seguidores no van a desaparecer ni menos a callarse el día después de las elecciones. Este será el reto más grande para la futura presidenta Hillary Clinton. Reconciliar a un país marcadamente dividido será una tarea muy complicada.

El autor es egresado del Tecnológico de Monterrey y Doctor en Ingeniería Eléctrica y de Computación de la Universidad del Estado de Nuevo México.

www.cavilaciones.com

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