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Mujeres de la vida difícil, la historia de una sexoservidora

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¿Fácil? Este no es un trabajo fácil, dice Jessica, quien lleva ocho años como“Te tienes que arriesgar, meterte con personas que, tal vez te den asco, pero lo tienes que hacer. Yo lo hago porque pienso en mis hijos, tengo que llevarles qué comer; tengo que calzarlos y tienen que estudiar, y eso es lo que uno aguanta. Aguanto todo eso porque al fin y al cabo, es para ellos”.

Jessica tiene cuatro hijos. Luego de que su esposo la abandonara, entró a trabajar a una fábrica para mantener a su familia y pagar para que cuidaran a sus pequeños mientras ella no estaba. Un salario mínimo no le alcanzaba, así que optó por trabajar en la calle.

“No porque estemos aquí piensen que la pasamos bien, ahora sí que la estamos pasando muy mal, tanto económicamente como moralmente. Hay gente que pasa y nos critica muy feo, no saben el motivo ni la razón por la que estamos aquí trabajando en la calle”, dice Adriana, compañera de Jessica en el oficio.

El esposo de Adriana también la dejó, a ella y a sus dos hijos. Se acercó a las calles porque le dijeron que “era bien pagado” y ella necesitaba solventar sus gastos. Antes de “vender caricias”, trabajaba en casas haciendo limpieza, ayudando a lavar y planchar.

“La gente muchas veces me humillaba y me pagaba lo que quería y como yo tenía la necesidad de mis dos criaturas porque estaban pequeñas, me conformaba con un plato de sopa o un litro de leche y hacía todo el quehacer. Decidí acercarme a las calles para sacar a mis hijos adelante. Dicen que buscamos lo más fácil, pero yo siento que esto es lo más difícil”.

Fuente: El Universal

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