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Peligra “sueño americano” de miles mujeres indias

Peligra “sueño americano” de miles mujeres indias
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Durante siete años, Deepika Jalakam se quedó en casa. Aburrida, insatisfecha y dependiente de su marido para cada centavo, batallaba con la idea de que su vida profesional estaba destinada al fracaso en la tierra de las oportunidades.

Así que cuando su permiso de trabajo llegó por correo en 2015, Jalakam hizo lo que normalmente hace cuando la buena suerte se cruza por su camino: lo colocó frente a los dioses en el altar hindú empotrado en su mueble de cocina, lo bendijo con una pizca de polvo rojo “kum kum” y recitó una plegaria de agradecimiento.

En pocas semanas, Jalakam, que tiene una licenciatura en biotecnología, consiguió un trabajo como analista en una compañía de seguros. El año siguiente, ella y su esposo, Vinay Kumar, un ingeniero de software, compraron una casa. En 2017, las finanzas de la pareja de inmigrantes indios era suficientemente estable para decidir tener un segundo hijo.

Sin embargo, todos esos planes están en peligro. A Jalakam y miles de cónyuges de trabajadores calificados más les han dicho que sus permisos de trabajo especiales —un permiso que puede significar la diferencia entre batallar y prosperar en su tierra adoptiva— posiblemente sean revocados.

El Gobierno de Trump anunció el otoño pasado que, como parte de las medidas severas para la expedición de visas especiales de trabajo para trabajadores calificados, H-1B, tenía planes de eliminar el programa de la era de Obama que permitía que sus cónyuges trabajaran.

El cambio, programado para junio, significaría que miles de mujeres indias principalmente, quienes siguieron a sus esposos a Estados Unidos, tendrían que dejar sus trabajos, a pesar de que muchas cuentan con estudios superiores y con aptitudes cotizadas.

“Estábamos trabajando felizmente y sintiendo que estábamos echando raíces con la vida que queríamos. De pronto, esta noticia llegó y estamos en la incertidumbre”, dijo Jalakam, de 32 años, quien ahora se siente preocupada por todo, desde los gastos diarios hasta sus planes vacacionales.

A lo largo del país, miles de familias indias están atrapadas en un dilema similar debido al enorme papel que desempeñan dentro del programa de visas H-1B.

El barullo anual para obtener la visa comenzó esta semana, con camiones cargados de solicitudes enviadas a los centros de procesamiento gubernamentales. Las peticiones representan decenas de miles de extranjeros compitiendo por la oportunidad de trabajar en Estados Unidos durante tres años o más.

Muchos son ingenieros de sistemas y programadores computacionales indios reclutados por compañías de tecnología de Estados Unidos que dicen que no pueden encontrar suficiente talento en el país. Entre los solicitantes hay maestros de ciencia y matemáticas indios asignados a escuelas rurales, así como físicos y otros profesionales.

Sin embargo, el programa H-1B ha ocasionado controversia. Durante su campaña, el presidente Donald Trump invitó a los estadounidenses desplazados por trabajadores H-1B a participar en sus marchas.

Desde que tomó el poder, ordenó la revisión del programa, y su gobierno ha tomado medidas para endurecer el escrutinio de las solicitudes.

Aun así, la demanda de visas no ha disminuido.

En 2018, por sexto año consecutivo, el gobierno federal recibió una avalancha enorme de peticiones, por lo que detuvo su recepción después de una semana. El viernes, los funcionarios dijeron que habían alcanzado su cuota anual en tan solo cinco días y recurrirían de nuevo a una lotería computarizada para seleccionar a los 85 mil beneficiarios. Las universidades y los centros de investigación están exentos de entrar a esta selección.

Durante el año fiscal 2017, se aprobaron casi 365 mil solicitudes de visas H-1B. Este número incluye solicitudes de primera vez sujetas a selección y renovaciones, que no entran a la selección. La mayoría  eran para ciudadanos indios.

Su éxito ha sido una bendición ambigua. Decenas de miles de indios con visas temporales fueron patrocinados más tarde por sus empleadores para permanecer de manera permanente en Estados Unidos, no obstante, sus familias se quedan en el limbo, atrapadas en una lista pendiente de permisos de residencia permanente que están aprobadas, pero que no pueden emitirse aún.

Mientras los trabajadores calificados de la mayoría de los países reciben sus residencias permanentes en un año o dos una vez que las solicitan, los indios deben esperar una década o más debido a la gran cantidad de solicitantes. Las demoras significan que recientemente miles de mujeres, muchas con educación superior, se quedan en casa mientras sus maridos trabajan.

Los niños también deben esperar. Si sus permisos de residencia permanente no se aprueban antes de que cumplan 21, los hijos ya no son elegibles para obtener residencia legal como dependientes y deben abandonar el país, a pesar de haber pasado la mayoría de su vida en Estados Unidos.

La muy discutida protección legal de los llamados ‘dreamers’, el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, es para los niños que entraron al país de manera ilegal, no para los hijos de inmigrantes legales.

El Gobierno de Obama intentó resolver el problema de manera parcial en 2015 autorizando permisos de trabajo temporales para los cónyuges de personas con visas H-1B que estaban en la espera de recibir su residencia permanente. Bajo el programa, conocido como H-4EAD, aproximadamente 100 mil cónyuges, en su mayoría mujeres, han obtenido permisos de trabajo.

“Me sentí liberada de una jaula para poder volar hacia donde quisiera”, dijo Jalakam sobre su autorización para trabajar el año pasado.

L. Francis Cissna, directora de los Servicios de Ciudadanía Estadounidense e Inmigración, la oficina del Departamento de Seguridad Nacional que emite los permisos, dijo que el Gobierno de Trump tenía como prioridad proteger a los trabajadores estadounidenses. “La razón de que haya mucha preocupación sobre estadounidenses desplazados es que realmente está sucediendo”, dijo durante una entrevista reciente.

En enero, el Consejo de la Industria de Tecnologías de la Información, que representa a titanes como Apple, IBM y Microsoft, argumentó en una carta dirigida al gobierno que revocar permisos de trabajo conyugales podría ocasionar que el talento extranjero deje el país y coloque a las empresas estadounidenses en desventaja competitiva.

“Sus valiosos y antiguos empleados decidirán dejar sus empresas para aceptar otras oportunidades de trabajo en países que les permiten a estos trabajadores y a sus familias mejorar sus estándares de vida”, advirtió el consejo.

Doug Rand, antiguo subdirector de emprendimiento en el Gobierno de Obama, dijo que los inmigrantes indios han sido durante mucho tiempo “esenciales para la innovación tecnológica de Estados Unidos” y darles permisos de trabajo a sus cónyuges es congruente. “Si no fuera por este terrible atraso de permisos pendientes, ya serían estadounidenses”, dijo.

Jigar Madlani, un ingeniero de software en Parsippany, Nueva Jersey, llegó con una visa H-1B y su residencia permanente se aprobó en 2013. Sin embargo, no se han emitido ninguno de los permisos permanentes de su familia y teme que su esposa, Heta, pronto pierda sus posibilidades para trabajar.

Armada con un permiso H-4EAD, consiguió empleo a finales de 2015 como asesora para la línea 211 de Nueva Jersey, para atender llamadas de drogadictos, familias sin casa, víctimas de violencia doméstica y otras personas en crisis que buscan ayuda.

“No tenía identidad en este país. La obtuve, y ahora me la quieren quitar”, dijo Heta Madlani.

Fuente: El Diario

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