CESPTE

inicio COLUMNAS Aprendiendo sobre el enojo‏

Aprendiendo sobre el enojo‏

Aprendiendo sobre el enojo‏
31
0

“El enojo constante es como la luz roja que centellea en el tablero de un auto y que indica claramente que algo necesita atención inmediata”.

En mi experiencia trabajando con niños cada vez escucho más relatos de padres de familia y educadoras sobre niños enojados con sus compañeros, con sus papás, con la maestra o con las cosas. Es probable que estén más enojados o que expresan con más libertad lo que piensan y sienten de manera espontánea.

Estudios demuestran que más del 80% de los niños entre los dos y los cuatro años de edad hacen rabietas ocasionales, lo que puede manifestarse a través de tirarse al piso, patear, gritar y hasta contener la respiración. Estas rabietas que comienzan en promedio entre los dos y tres años, tienden a ser transitorias y a disminuir en frecuencia e intensidad a partir de los cuatro años.

El enojo por lo general surge como una reacción de impotencia y frustración ante la sensación de que se nos ha quitado algo. Y ante lo que se “interpreta” como una injusticia. La ira es consecuencia del miedo y la falta de alternativas.

En la vida diaria comúnmente observamos cómo los niños no son respetados en sus necesidades y características de la edad. Atendiendo más a las necesidades de los adultos, los pequeños están siendo sobre-estimulados, por las altas expectativas que tenemos sobre sus comportamientos y logros en el afán de tener hijos “exitosos”. Y en otros casos debido al ritmo acelerado de vida de mucho hogares.

Con frecuencia escuchamos que los niños son cada vez más despiertos e inteligentes, y desde mi percepción hay una tendencia a considerarlos “adultos chiquitos”, esperando que ellos nos entiendan a nosotros y nuestras necesidades. Por otro lado, algunos adultos parecen temer a las expresiones de enojo, tristeza o frustración de los niños, en el deseo que sean felices en todo momento.

Los niños no guardan resentimientos y con gran facilidad y rapidez pueden moverse de un estado de ánimo a otro, dejando atrás el incidente que ocasionó el conflicto. Con frecuencia somos los adultos quienes permanecemos frustrados, tristes o enojadas por largos espacios de tiempo, haciendo un problema donde solo hubo un desacuerdo.

“Cualquiera puede enojarse, eso es fácil; pero enojarse con la persona correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto y de la manera correcta, eso no está al alcance de todos y no es tan sencillo”… Aristóteles.

Los hijos imitan nuestros comportamientos y la manera como reaccionamos ante las emociones, somos modelos de comportamiento para ellos. Cuando ellos estén enojados escuchelos, respete el momento y ayude a buscar alternativas positivas para enfrentar su malestar. No amenace con la pérdida del amor como consecuencia de su comportamiento inadecuado.

Gary Chapman en su libro titulado “El Enojo” nos explica ampliamente sobre este tema y nos da algunas alternativas sobre qué hacer y cómo ayudar a nuestros hijos a lidiar con esta emoción.

Como adulto es importante reconocer conscientemente que se está enojado, concentrarse más en su emoción que la de los otros, contenerse de actuar de inmediato y analizar las opciones positivas que tiene además del enojo. Quedarse pensando en el evento solo seguirá alimentando esta emoción.

Los hijos nos “empujan” a buscar nuevas maneras de reaccionar ante los eventos diarios. Los padres tenemos el reto de estar abiertos, de aprender y crecer junto con ellos. Si tus hijos están estancados en el enojo, hay algo más que aprender, que hacer o bien hacerlo de manera diferente.

No me dan miedo las tormentas, pues estoy aprendiendo a navegar” Louisa May Allot

Maria Teresa Alvarez.

Psicóloga y Coach Personal y de Vida

(31)

Publicar tu comentario

Comentario